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A un mes del apagón: Luis Llanos y Ronald Fischer analizan nuestro sistema eléctrico

Luis Llanos

Ronald Fischer

El 25 de marzo se cumplió un mes desde el apagón del 25 de febrero (25F) y aún persisten más preguntas que respuestas sobre lo ocurrido. Lo que comenzó con una falla técnica en la subestación (S/E) Pan de Azúcar terminó en un colapso total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), dejando en evidencia una serie de deficiencias estructurales. Nuestros profesores Luis Llanos y Ronald Fischer analizan los elementos de la falla eléctrica que dejó a Chile a oscuras, entre Arica y Chiloé.

El origen de la crisis

Hoy se sabe, según establece en sus 398 páginas el Estudio de Análisis de Falla, que el detonante del apagón fue la apertura de un interruptor de protección en una línea de 500 kV que transportaba 1.800 MW, más de los 1.600 MW recomendados por el Coordinador Eléctrico Nacional (CEN). Si bien la empresa Interchile, operadora de esa línea y subsidiaria de la empresa estatal colombiana ISA, había reportado horas antes una falla en su sistema de protección primaria -quedando activa solo la secundaria-, el Coordinador Eléctrico Nacional (CEN) mantuvo los niveles de carga sin tomar medidas de mitigación.

Aquí surge la primera gran interrogante: ¿Por qué no se redujo la carga de la línea cuando se detectó la falla?

“A estas alturas es plausible asumir que fue en el intento de Interchile de resincronizar las protecciones primarias cuando ocurre la falla, aunque no es posible aún indicar causalidad. El CEN alega que no fue informado de esta maniobra. Pero, sabiendo de la falla, ¿qué medidas de monitoreo y mitigación tomó? En días posteriores al apagón del 25 de febrero, la transferencia por esa línea fue severamente disminuida. ¿No era eso lo que correspondía hacer el 25F para evitar o mitigar lo que ocurrió después?”, se pregunta Llanos.

“El Relgamento Técnico y de calidad e servicio dice explicitamente que el Coordinador Eléctrico Nacional es responsable. Entiendo, además, que en 2020 se habían recomendado inversiones pequeñas (40,000 UF) para instalar ciertos equipos que podrían haber ayudado a contener la falla. Pero no se hizo nada”, comenta Fischer.

Agrega: “La responsabilidad del coordinador es realizar pruebas en condiciones realistas y ensayar escenarios para que todo opere. Me parece que el CEN está demasiado desconectado de los operadores y de los usuarios del sistema. Antes había inputs de las empresas”.

“Previo a este evento, se consideraba poco plausible que una perturbación aislada terminase desconectando todo el sistema nacional”, advierte Llanos.

Efecto dominó

La investigación también estableció que la desconexión inicial generó un desequilibrio inmediato en el sistema. La caída del circuito gemelo y la falta de mecanismos de contención hicieron que el colapso se extendiera dejando al país sin energía eléctrica. El diseño de la red y sus sistemas de protección debieron evitar una desconexión total, pero no lo hicieron.

¿Por qué los mecanismos automáticos no lograron compartimentar la red y aislar el problema? Aquí entran en juego decisiones de diseño, configuraciones de seguridad y, posiblemente, criterios económicos que priorizaron costos operativos por sobre la estabilidad del sistema, sostienen Llanos y Fischer.

“Si el colapso se extendió de Arica a Chiloé es porque las protecciones de la red no estaban configuradas adecuadamente, permitiendo el colapso en cadena, igual que fichas de dominó”, comenta Llanos.

Recuperación tardía y descoordinación

Si bien el apagón fue repentino, la recuperación del servicio fue un proceso errático. En teoría, debió tomar alrededor de dos horas, ya que no hubo daños físicos en la infraestructura. Sin embargo, la falta de comunicación entre el Coordinador Eléctrico Nacional (CEN) y las empresas eléctricas, junto con problemas en los sistemas de control, retrasaron la reposición de la energía.

Otro punto crítico fue la escasez de centrales capaces de iniciar una “partida autónoma”, es decir, reactivar la red sin apoyo externo. Aunque estas plantas reciben pagos adicionales para estar preparadas, solo un 20% de los ensayos de partida autónoma se han completado con éxito, según datos del propio CEN.

A esto se suma, dice Fischer, cómo los PMDG (Pequeño Medio de Generación Distribuida) -generadoras cuyos excedentes de potencia son menores o iguales a 9 [MW] y que se encuentran conectadas a las instalaciones del Sistema Eléctrico Nacional- operaron en la falla.

“Esto, porque el Coordinador Eléctrico Nacional no sabe cuánto están generando (inyectan lo que están produciendo, sin obligación de obedecer al Coordinador Eléctrico Nacional) y porque cuando cae la frecuencia en el sistema producto de la falla, los PMGD se desconectan en forma automática, quitando toda la energía que aportan; sin que el CEN sepa cuánto es, lo que agrava el déficit de energía que se debe subsanar con las reservas”, explica el investigador.

Lecciones

Las explicaciones post-apagón han apuntado a diversos factores: desde la generación fotovoltaica hasta la falta de redundancia en la transmisión. Pero lo cierto es que las condiciones de la red eran conocidas y el problema, dicen los expertos, previsible. De aquí que la verdadera causa de la crisis, sostienen, radica en la falta de liderazgo y coordinación en la gestión del sistema eléctrico.

“Existe una responsabilidad compartida entre el coordinador y las empresas. Pero sobre todo del coordinador, quien tiene a su cargo la operación del sistema y su seguridad”, asegura Fischer.

Llanos coincide: “En la intensidad del apagón y la demora en restablecer el servicio hay una gran responsabilidad del Coordinador”.

El Sistema Eléctrico Nacional (SEN), por su parte, sostienen ambos, enfrenta una transformación con la creciente integración de energías renovables, almacenamiento en baterías y nuevas interconexiones. Sin una planificación robusta y una gobernanza efectiva, advierten, el riesgo de otro apagón sigue latente.

A la luz de estos antecedentes, Llanos y Fischer sostienen que el 25F dejó en evidencia una verdad incómoda: Chile no está preparado para responder con eficiencia a fallas de gran magnitud. La pregunta ahora es si se tomarán las medidas necesarias para evitar que esta historia se repita.

“Más allá de lo técnico, lo sucedido es un golpe a la confianza en la gobernanza del sistema eléctrico chileno”, concluye Llanos.


Crédito: Freepik